En 2019 se produjeron más de un millón de accidentes laborales en España, de los cuales 650.000 derivaron en una baja del trabajador. Según las estadísticas, la causa de casi el 50% de estos accidentes son sobresfuerzos musculoesqueléticos, esguinces o dislocaciones. Por ello, las empresas de los sectores más afectados como la industria manufacturera, la construcción, las industrias extractivas o de almacenamiento buscan una solución que consiga acabar con estos sobreesfuerzos. Aquí donde entran los exoesqueletos.

Un ejemplo de la utilización de exoesqueletos en fábricas es la central de Ford, Almussafes, Valencia. En estas instalaciones, la plantilla lleva cuatro años realizando pruebas con exoesqueletos para reducir lesiones laborales y accidentes. Aquí, uno de los exoesqueletos más utilizados es un prototipo para la espalda. Un equipamiento que ayuda al operario a mover piezas o cajas sin que estos movimientos supongan una sobrecarga por el esfuerzo realizado. Otro de los prototipos más utilizados en este centro es el exoesqueleto superior de brazos, utilizado principalmente para las actividades que se realizan por encima del hombro como, por ejemplo, el atornillamiento de vehículos.

Otro ejemplo es el gigante Ikea. En los almacenes de la empresa sueca tiene en Badalona, se llevó a cabo un programa para probar exoesqueletos de 2,5 kilos que permitían a los trabajadores repartir al 50% el esfuerzo exigido entre el trabajador y la máquina. Esta reducción de carga conseguía, según la compañía, prevenir las lesiones más comunes derivadas del sector ‘retail’ como el dolor lumbar, dorsal o lesiones en las articulaciones por exceso de peso o un mal movimiento.

Telice es otra de las grandes compañías que lleva años realizando pruebas con exoesqueletos. Esta empresa, especializada en la realización de trabajos e instalaciones en el sector del ferrocarril, comenzó a realizar pruebas piloto con exoesqueletos pasivos en marzo de 2019.

La tecnología de exoesqueletos pasivos difiere de la de exoesqueletos activos en que no suponen adición de fuerza mediante motores al movimiento de los operarios: los dispositivos constan de una serie de palancas y muelles acumuladores que se ajustan al cuerpo del operario que los lleva y facilitan realizar movimientos naturales de forma asistida.

Los trabajos donde se probaron inicialmente fueron en campos típicos de su actividad: el tendido de catenaria —un trabajo en altura— y la sustitución de canaleta de comunicaciones, reduciendo en gran medida el sobreesfuerzo de determinados trabajos, debido a la capacidad de los dispositivos para guiar, asistir y apoyar los movimientos naturales de los operarios.

Iveco, una de las empresas lideres en la fabricación de vehículos industriales medios y pesados como camiones o furgonetas, también lleva años buscando lograr una mejora en la ergonomía de sus trabajadores gracias a estas “servoarmaduras“.

En 2017 Iveco introdujo en su fábrica de Valladolid un prototipo de exoesqueleto que permitía al operario realizar determinadas funciones en una posición ergonómicamente similar a la que adoptamos cuando estamos sentados, descargando el peso del cuerpo sobre una estructura externa que reducía la tensión y la fatiga de las extremidades inferiores.

¿Qué dice la legislación?

Hasta el momento, la legislación europea no califica a los exoesqueletos como Equipos de Protección Individual (EPI), es decir, dispositivos o medios obligatorios de los que dispone una persona con el objetivo de que le protejan contra uno o varios riesgos que puedan amenazar su salud en el trabajo. Esta situación podría cambiar pronto, ya que, cada vez son más las evidencias de sus beneficios, lo que hace que su uso comience a extenderse.